La distinción Dios/Arte

Apuntes a propósito de la propuesta visual de Gabriel Labra
La obra gráfica de Gabriel Labra se sitúa en un contexto particular: la sociedad moderna. Desde ahí cualquier análisis posible debiese considerar la complejidad que la sociedad, y el arte en particular, ha adquirido en los últimos siglos. La complejidad es parte de nuestro entorno y no podemos reducirla sin considerar sus repercusiones (a veces negativas, a veces positivas). En una obra de arte moderno este fenómeno es particularmente observable. ¿Qué es lo complejo? La producción de distinciones al interior de la obra y su reducción progresiva de complejidad. Es decir, al dibujar (trazar) una primera selección comunicativa en un espacio vacío (indeterminado), vendrán nuevas distinciones que constriñen al artista a trabajar con grados progresivos de reducción de complejidad. En este sentido, lo que se gesta es forma, figura e imagen. Es reconocer que en la inmensidad de lo posible, siempre hay un orden, un mundo posible: mundos artísticos paralelos. A una primera distinción le seguirá otra, y ésta otra y así sucesivamente, hasta crear una obra considerada artística. Pero en la obra de Gabriel, esto tiene una consideración especial.
En su obra lo novedoso no son sus impresiones visuales: eso es lo propio de una obra moderna. Lo propio de su obra, y por ende lo novedoso de su trabajo, es su propuesta artística basada en la inspiración divina. Las primeras cesuras trazadas en sus obras de arte deben ser comprendidas entonces por un modelo de creación que se aleja de la ortodoxia del arte contemporáneo. Su arte mantiene la particularidad discursiva del cristianismo primitivo, pero con los componentes propios del arte actual. En la obra de Labra solo Dios sabe qué distinción trazará (elegirá) y cuál ha dejado pasar, conformando así un mundo artístico basado en la inspiración divina.
Sólo Dios puede observar los dos lados de la distinción. Sólo él guiará a Labra, por medio de sus sentimientos y herramientas, en la gestación de su obra. Esta creación no será un arte simbólico donde reconocemos al creador en ella, sino que es una obra moderna que sirve a Labra para enseñarnos su verdadera inspiración: su devoción por cristo.
En resumidas cuentas, para comprender la obra de Gabriel, el espectador/observador debe, luego de reconocer las características del mundo que propone su obra, buscar distinguir el esquematismo o el juego de distinciones desde el cual esta particular obra está reconstruyendo/describiendo/observando el mundo que Dios le ha propuesto a Labra. Aquello, en términos discursivos, nos plantea desafíos teóricos y reflexivos que van más allá de la teoría, sociología e historia del arte. Esto es un desafío entre la Fe y el arte.
Tomás Peters
Santiago de Chile, 15 de Diciembre de 2006
La obra gráfica de Gabriel Labra se sitúa en un contexto particular: la sociedad moderna. Desde ahí cualquier análisis posible debiese considerar la complejidad que la sociedad, y el arte en particular, ha adquirido en los últimos siglos. La complejidad es parte de nuestro entorno y no podemos reducirla sin considerar sus repercusiones (a veces negativas, a veces positivas). En una obra de arte moderno este fenómeno es particularmente observable. ¿Qué es lo complejo? La producción de distinciones al interior de la obra y su reducción progresiva de complejidad. Es decir, al dibujar (trazar) una primera selección comunicativa en un espacio vacío (indeterminado), vendrán nuevas distinciones que constriñen al artista a trabajar con grados progresivos de reducción de complejidad. En este sentido, lo que se gesta es forma, figura e imagen. Es reconocer que en la inmensidad de lo posible, siempre hay un orden, un mundo posible: mundos artísticos paralelos. A una primera distinción le seguirá otra, y ésta otra y así sucesivamente, hasta crear una obra considerada artística. Pero en la obra de Gabriel, esto tiene una consideración especial.
En su obra lo novedoso no son sus impresiones visuales: eso es lo propio de una obra moderna. Lo propio de su obra, y por ende lo novedoso de su trabajo, es su propuesta artística basada en la inspiración divina. Las primeras cesuras trazadas en sus obras de arte deben ser comprendidas entonces por un modelo de creación que se aleja de la ortodoxia del arte contemporáneo. Su arte mantiene la particularidad discursiva del cristianismo primitivo, pero con los componentes propios del arte actual. En la obra de Labra solo Dios sabe qué distinción trazará (elegirá) y cuál ha dejado pasar, conformando así un mundo artístico basado en la inspiración divina.
Sólo Dios puede observar los dos lados de la distinción. Sólo él guiará a Labra, por medio de sus sentimientos y herramientas, en la gestación de su obra. Esta creación no será un arte simbólico donde reconocemos al creador en ella, sino que es una obra moderna que sirve a Labra para enseñarnos su verdadera inspiración: su devoción por cristo.
En resumidas cuentas, para comprender la obra de Gabriel, el espectador/observador debe, luego de reconocer las características del mundo que propone su obra, buscar distinguir el esquematismo o el juego de distinciones desde el cual esta particular obra está reconstruyendo/describiendo/observando el mundo que Dios le ha propuesto a Labra. Aquello, en términos discursivos, nos plantea desafíos teóricos y reflexivos que van más allá de la teoría, sociología e historia del arte. Esto es un desafío entre la Fe y el arte.
Tomás Peters
Santiago de Chile, 15 de Diciembre de 2006
