Inversión, audiencia e infraestructura cultural EN PELIGRO: el caso de la Estación de Trenes de la comuna de Peralillo

Santiago, 7 de septiembre de 2006
Hace un par de semanas atrás participé, como un ciudadano más, en un concejo municipal ampliado de la comuna rural de Peralillo. Para el común de la gente esta actividad resultaría aburrida o en el peor de los casos no tendrá idea qué es o para qué sirve. Quizá un incentivo para asistir fue la participación, por primera vez en la historia de la comuna, de la presidenta del concejo nacional de la cultura y las artes: Paulina Urrutia. Sin duda esto causaba expectación no sólo en los artistas y gestores culturales de la comuna, sino que también en las miradas atentas de varias señoras (y más que algún hombre) interesadas en ver “de cerca” a la otrora actriz de Sor Teresa de los Andes.
Seguramente su presencia marcaría un hito en la comuna. Sin embargo, sería injusto de mi parte no señalar el verdadero interés de la comunidad peralillana en participar en tal honorable y artístico concejo ampliado. Tal incertidumbre nacería hace unos meses atrás.
La comuna de Peralillo se encuentra a unos 14 kilómetros de la comuna de Santa Cruz, conocida por el explosivo aumento que ha experimentado gracias a los “aportes” del magnate chileno Carlos Cardoen. Por gracia, Peralillo se encuentra alejada de tales dominios, aunque, sin duda, los intereses del armado hacendado están(rán) fijados en algunos dominios comunitarios.
Pues bien, Peralillo posee una gran cantidad de atractivos. Muchos sólo han conocido su calle principal cuando han ido a surfear a las playas nubosas de Pichilemu, pero nunca se han detenido a conocer su peculiar caminar. El tiempo claramente ha pasado por sus calles: no es una comuna detenida en el tiempo. El mejor ejemplo de aquello es su estación de trenes. Construida a comienzos de siglo, la estación de trenes fue, como deben imaginarse, un gran suceso social. Por primera vez en su historia, la mayoría de los pobladores podían viajar a la playa en unas cuantas horas o a la ciudad en algunas más. La gente se vestía con sus mejores ropas a esperar a los viajeros o para viajar a sus destinos, empapados de esperanzas y sueños. En fin, resultaba ser en aquel entonces en Calleuque, un centro social.
Pasaron los años y el tren sufrió la fatiga de sus aceros. Las carreteras y el petróleo hicieron de las suyas, abaratando los costos y disminuyendo los tiempos de viajes. El flujo de viajes disminuyó y los años dorados del tren comenzaron a olvidarse. Las máquinas expulsaron humo negro, pero ya no gracias al carbón.
Como fue de esperar, los durmientes dieron paso al asfalto, y la estación al terminal. Los silbidos por la bocina y los carros por la carrocería. En fin, algo fue abandonado al olvido. Fue así como la estación de trenes de Peralillo perdió su seducción y se volvió oscura por la desazón y la pena de vivir el desalojo. Los ladrillos perdieron su fuerza y el techo, antes protector, se volvió desafiante. Ya nadie la recordó y se volvió un estorbo para la comunidad. Los errantes y borrachos viajeros pasaron sus días en aquellas paredes mutiladas.
Los años avanzaron y llegaron nuevas generaciones. Cada uno pensó en recuperarla, pero los siempre escasos recursos lo impidieron. Sería al comenzar el siglo XXI cuando su majestuosidad volvería a florecer. Gracias al aporte de 220 millones de pesos del gobierno regional, la restauración e implementación de la Estación de Trenes de Peralillo tuvo nuevamente sus días de gloria. El tren volvería a pasar bajo la denominación del “Tren del vino” y la gente, vestida como antaño, lo recibiría con una expectación sólo vista una mañana de 1920.
Durante estos tres años de uso, la Estación de Peralillo se ha convertido en el centro cultural más importante de la comuna. Ahí se han hecho los espectáculos artísticos más renombrados de la provincia. Según sus autoridades, y eso me consta, se han realizado cerca de una obra de teatro al mes durante el año pasado, un gran encuentro de música llamado “Las Primaveras Musicales”, una serie de tertulias y encuentros de cuecas. Cantantes, trovadores, poetisas y poetas, guitarristas, flautistas, cuenta cuentos, payasos, mimos, escultores, pintores, zanquistas, etc., han sido algunos de los artistas que le han dado vida a las paredes ladrilladas de la estación. Como nunca en su historia, la comuna de Peralillo y su comunidad ha generado una serie de acciones de arte que han dejado una huella considerable en la vida cotidiana de los vecinos y vecinas de la comuna.
En cada obra de teatro presentada, en cada concierto, en cada comunal de cueca, e incluso, en cada Bingo, la comunidad peralillana responde en público y en ánimo. La audiencia cultural lograda en aquella comuna es digna de halago.
Yo no nací, ni fui criado en Peralillo: soy, como ellos dicen, un afuerino. A pesar de ello, debo reconocer que siento un gran aprecio por aquellas calles y miradas.
La gente se siente orgullosa de lo que hacen sus artistas y gestores culturales. Los apoya y fortalece. Las audiencias responden. Es decir, hay un público fiel que sigue las actividades artísticas y las reconoce como parte de su ser más íntimo.
Viendo aquello, la oficina de cultura del municipio postuló al Fondart para la amplificación del recinto, logrando con ello entregar espectáculos con un sonido de excelente calidad. El proyecto suma entonces, además de su arquitectura, equipos financiados por el propio Consejo de la Cultura.
Pero bien, a pesar de todo aquello, hoy Peralillo tiene una gran amenaza. La Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile (EFE) está rematando la estación de Peralillo al mejor postor.
Sí, como lo leen. Todo lo construido está en venta. ¿es aquello una política de infraestructura cultural? ¿todo lo realizado ahí será olvidado como antaño? ¿lo creado por los artistas, sus recuerdos y temores, serán rematados en una subasta pública? ¿los compradores y nuevos dueños cerrarán las puertas a la comunidad peralillana? ¿dónde ensayarán los artistas comunales? ¿en sus casas? ¿en la iglesia? ¿en la plaza? ¿en la calle? ¿es eso una política cultural y social consistente?
Al asistir al concejo municipal ampliado quedé sorprendido por la cantidad de gente que defendía “lo suyo”. La estación de trenes de Peralillo NO SE VENDE, decía la consigna.
¿Cómo es posible que EFE remate un espacio público como una estación de trenes en sólo 60 millones de pesos? Es decir, ¿Cómo se puede comprender que su remodelación, que costó 220 millones, ahora la vendan en un cuarto de su valor? ¿Aquí no hay cordura señores?
Al escuchar los alegatos de la gente, y como luchaba por su estación y reconocía en ella el espacio cultural más importante de la zona, no podía entender la situación. Sin duda el espacio ahí utilizado ha servido para fortalecer todo lo que las políticas públicas durante estos 16 años de la concertación han promulgado: potenciar el capital social, empoderar a la comunidad, fortalecer los vínculos comunitarios, generar lazos de confianza, aumentar los niveles de consumo cultura, acrecentar los niveles de participación social, etc., y qué hacen con todo eso: lo quieren subastar al mejor postor. No digo aquí que el edificio sea el causante de dichas manifestaciones, solo anoto que un espacio público como el aquí referido ha ayudado a reunir a la comunidad, a conocer nuevos mundos artísticos, a reconocer en el arte y la cultura un potencial poco explorado para superar los niveles de pobreza.
Según los datos entregados por el alcalde de la comuna, la inversión (no gasto) en cultura corresponde a un 4% del total del presupuesto anual. ¿Cuántos municipios en Chile se la juegan de esa manera para lograr los niveles de audiencia y participación social que actualmente posee la comuna? Sin duda la gestión cultural y social realizada en Peralillo nos da una importante lección: la inversión en cultura es un factor estratégico relevante a la hora de generar mayor capital social comunitario y empoderamiento en las comunidades.
Mucho se ha escrito sobre la importancia de generar políticas públicas que conciban a la cultura como un factor de desarrollo social. Varias son las experiencias que demuestran y validan dicha hipótesis. A veces aquí en Chile nos cuesta reconocer en experiencias concretas la importancia de generar audiencias culturales y su importancia en la superación de la pobreza. El informe del PNUD 2002 lo ha dicho con anterioridad: un mayor consumo cultural potencia una actitud cívica, aumenta los niveles de tolerancia y fomenta la participación social.
En Peralillo me atrevería a decir, sin una rigurosidad científica, que tales postulados son claramente observables. La cantidad de actividades culturales realizadas allá han generado mayores niveles de confianza, cooperación y reciprocidad entre los vecinos ligados a la acción social, política y cultural de la comuna. Esto es innegable.
Considerando lo anotado más arriba, hoy la comuna se encuentra pidiendo que las autoridades tomen cartas en el asunto (aún no exigen). La estación de trenes de Peralillo no puede, ni debe pasar a privados. Tal cambio de “mando” significaría romper y terminar con un espacio donde la comunidad ha logrado entablar una serie de acciones conducentes a difundir sus expresiones culturales en beneficio del conjunto.
Es de suma importancia que todos los actores involucrados en la toma de decisiones tengan claro que tales planes de venta no contribuirán en nada en superar los problemas económicos de EFE. Lo único que lograrán será beneficiar a privados que lucrarán con el recinto y dejarán a toda una comunidad desligada entre sí.
¿Cuáles serán las ganancias señores rematadores? ¿Quizá se paga un favor político por las campañas recién pasadas? ¿Creen que luego de unos meses de las elecciones bastarán para que la comunidad crea que tal venta es por problemas económicos de EFE? Espero que tales hipótesis sean lo más absurdas posibles. No lograría imaginarme que la subasta de la estación se debe a “favores” asumidos en las campañas políticas. Sería lo peor que podría pasar. La venta de un inmueble como este seguramente no tendrá efectos inmediatos, pero de seguro los tendrá en el futuro cercano. Al fin y al cabo, como dijo un consejal, el problema no es quién compra, sino quien vende. Y si se vende, no será para solucionar los problemas financieros de EFE.
En definitiva, me quedo con dos conclusiones luego de asistir al concejo municipal ampliado. Por un lado, la comunidad peralillana no se dejará engañar por falsos argumentos. De seguro luchará junto a sus autoridades en conseguir que la estación de trenes de Peralillo pase a manos municipales para el uso libre de su comunidad artística y social.
Y por otro lado, tiendo a creer que todo lo dicho por la propia comunidad, por supuesto mucho mejor que en estas palabras, quedará en la preocupación y compromiso que la ministra de cultura asumió en aquella mesa compartida. Sólo nos queda esperar que “Sor Paulina”, como anotaba un cartel de un niño, nos ayude en esta amenaza que supone el remate de una propiedad que en sus ladrillos no significa nada. Pero usted sabe mejor que nadie la importancia que tiene para los artistas presentar su trabajo en espacios donde se valore y respete su actividad.
La gente de Peralillo exige que su estación de trenes le pertenezca y no a unos pocos.
Hace un par de semanas atrás participé, como un ciudadano más, en un concejo municipal ampliado de la comuna rural de Peralillo. Para el común de la gente esta actividad resultaría aburrida o en el peor de los casos no tendrá idea qué es o para qué sirve. Quizá un incentivo para asistir fue la participación, por primera vez en la historia de la comuna, de la presidenta del concejo nacional de la cultura y las artes: Paulina Urrutia. Sin duda esto causaba expectación no sólo en los artistas y gestores culturales de la comuna, sino que también en las miradas atentas de varias señoras (y más que algún hombre) interesadas en ver “de cerca” a la otrora actriz de Sor Teresa de los Andes.
Seguramente su presencia marcaría un hito en la comuna. Sin embargo, sería injusto de mi parte no señalar el verdadero interés de la comunidad peralillana en participar en tal honorable y artístico concejo ampliado. Tal incertidumbre nacería hace unos meses atrás.
La comuna de Peralillo se encuentra a unos 14 kilómetros de la comuna de Santa Cruz, conocida por el explosivo aumento que ha experimentado gracias a los “aportes” del magnate chileno Carlos Cardoen. Por gracia, Peralillo se encuentra alejada de tales dominios, aunque, sin duda, los intereses del armado hacendado están(rán) fijados en algunos dominios comunitarios.
Pues bien, Peralillo posee una gran cantidad de atractivos. Muchos sólo han conocido su calle principal cuando han ido a surfear a las playas nubosas de Pichilemu, pero nunca se han detenido a conocer su peculiar caminar. El tiempo claramente ha pasado por sus calles: no es una comuna detenida en el tiempo. El mejor ejemplo de aquello es su estación de trenes. Construida a comienzos de siglo, la estación de trenes fue, como deben imaginarse, un gran suceso social. Por primera vez en su historia, la mayoría de los pobladores podían viajar a la playa en unas cuantas horas o a la ciudad en algunas más. La gente se vestía con sus mejores ropas a esperar a los viajeros o para viajar a sus destinos, empapados de esperanzas y sueños. En fin, resultaba ser en aquel entonces en Calleuque, un centro social.
Pasaron los años y el tren sufrió la fatiga de sus aceros. Las carreteras y el petróleo hicieron de las suyas, abaratando los costos y disminuyendo los tiempos de viajes. El flujo de viajes disminuyó y los años dorados del tren comenzaron a olvidarse. Las máquinas expulsaron humo negro, pero ya no gracias al carbón.
Como fue de esperar, los durmientes dieron paso al asfalto, y la estación al terminal. Los silbidos por la bocina y los carros por la carrocería. En fin, algo fue abandonado al olvido. Fue así como la estación de trenes de Peralillo perdió su seducción y se volvió oscura por la desazón y la pena de vivir el desalojo. Los ladrillos perdieron su fuerza y el techo, antes protector, se volvió desafiante. Ya nadie la recordó y se volvió un estorbo para la comunidad. Los errantes y borrachos viajeros pasaron sus días en aquellas paredes mutiladas.
Los años avanzaron y llegaron nuevas generaciones. Cada uno pensó en recuperarla, pero los siempre escasos recursos lo impidieron. Sería al comenzar el siglo XXI cuando su majestuosidad volvería a florecer. Gracias al aporte de 220 millones de pesos del gobierno regional, la restauración e implementación de la Estación de Trenes de Peralillo tuvo nuevamente sus días de gloria. El tren volvería a pasar bajo la denominación del “Tren del vino” y la gente, vestida como antaño, lo recibiría con una expectación sólo vista una mañana de 1920.
Durante estos tres años de uso, la Estación de Peralillo se ha convertido en el centro cultural más importante de la comuna. Ahí se han hecho los espectáculos artísticos más renombrados de la provincia. Según sus autoridades, y eso me consta, se han realizado cerca de una obra de teatro al mes durante el año pasado, un gran encuentro de música llamado “Las Primaveras Musicales”, una serie de tertulias y encuentros de cuecas. Cantantes, trovadores, poetisas y poetas, guitarristas, flautistas, cuenta cuentos, payasos, mimos, escultores, pintores, zanquistas, etc., han sido algunos de los artistas que le han dado vida a las paredes ladrilladas de la estación. Como nunca en su historia, la comuna de Peralillo y su comunidad ha generado una serie de acciones de arte que han dejado una huella considerable en la vida cotidiana de los vecinos y vecinas de la comuna.
En cada obra de teatro presentada, en cada concierto, en cada comunal de cueca, e incluso, en cada Bingo, la comunidad peralillana responde en público y en ánimo. La audiencia cultural lograda en aquella comuna es digna de halago.
Yo no nací, ni fui criado en Peralillo: soy, como ellos dicen, un afuerino. A pesar de ello, debo reconocer que siento un gran aprecio por aquellas calles y miradas.
La gente se siente orgullosa de lo que hacen sus artistas y gestores culturales. Los apoya y fortalece. Las audiencias responden. Es decir, hay un público fiel que sigue las actividades artísticas y las reconoce como parte de su ser más íntimo.
Viendo aquello, la oficina de cultura del municipio postuló al Fondart para la amplificación del recinto, logrando con ello entregar espectáculos con un sonido de excelente calidad. El proyecto suma entonces, además de su arquitectura, equipos financiados por el propio Consejo de la Cultura.
Pero bien, a pesar de todo aquello, hoy Peralillo tiene una gran amenaza. La Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile (EFE) está rematando la estación de Peralillo al mejor postor.
Sí, como lo leen. Todo lo construido está en venta. ¿es aquello una política de infraestructura cultural? ¿todo lo realizado ahí será olvidado como antaño? ¿lo creado por los artistas, sus recuerdos y temores, serán rematados en una subasta pública? ¿los compradores y nuevos dueños cerrarán las puertas a la comunidad peralillana? ¿dónde ensayarán los artistas comunales? ¿en sus casas? ¿en la iglesia? ¿en la plaza? ¿en la calle? ¿es eso una política cultural y social consistente?
Al asistir al concejo municipal ampliado quedé sorprendido por la cantidad de gente que defendía “lo suyo”. La estación de trenes de Peralillo NO SE VENDE, decía la consigna.
¿Cómo es posible que EFE remate un espacio público como una estación de trenes en sólo 60 millones de pesos? Es decir, ¿Cómo se puede comprender que su remodelación, que costó 220 millones, ahora la vendan en un cuarto de su valor? ¿Aquí no hay cordura señores?
Al escuchar los alegatos de la gente, y como luchaba por su estación y reconocía en ella el espacio cultural más importante de la zona, no podía entender la situación. Sin duda el espacio ahí utilizado ha servido para fortalecer todo lo que las políticas públicas durante estos 16 años de la concertación han promulgado: potenciar el capital social, empoderar a la comunidad, fortalecer los vínculos comunitarios, generar lazos de confianza, aumentar los niveles de consumo cultura, acrecentar los niveles de participación social, etc., y qué hacen con todo eso: lo quieren subastar al mejor postor. No digo aquí que el edificio sea el causante de dichas manifestaciones, solo anoto que un espacio público como el aquí referido ha ayudado a reunir a la comunidad, a conocer nuevos mundos artísticos, a reconocer en el arte y la cultura un potencial poco explorado para superar los niveles de pobreza.
Según los datos entregados por el alcalde de la comuna, la inversión (no gasto) en cultura corresponde a un 4% del total del presupuesto anual. ¿Cuántos municipios en Chile se la juegan de esa manera para lograr los niveles de audiencia y participación social que actualmente posee la comuna? Sin duda la gestión cultural y social realizada en Peralillo nos da una importante lección: la inversión en cultura es un factor estratégico relevante a la hora de generar mayor capital social comunitario y empoderamiento en las comunidades.
Mucho se ha escrito sobre la importancia de generar políticas públicas que conciban a la cultura como un factor de desarrollo social. Varias son las experiencias que demuestran y validan dicha hipótesis. A veces aquí en Chile nos cuesta reconocer en experiencias concretas la importancia de generar audiencias culturales y su importancia en la superación de la pobreza. El informe del PNUD 2002 lo ha dicho con anterioridad: un mayor consumo cultural potencia una actitud cívica, aumenta los niveles de tolerancia y fomenta la participación social.
En Peralillo me atrevería a decir, sin una rigurosidad científica, que tales postulados son claramente observables. La cantidad de actividades culturales realizadas allá han generado mayores niveles de confianza, cooperación y reciprocidad entre los vecinos ligados a la acción social, política y cultural de la comuna. Esto es innegable.
Considerando lo anotado más arriba, hoy la comuna se encuentra pidiendo que las autoridades tomen cartas en el asunto (aún no exigen). La estación de trenes de Peralillo no puede, ni debe pasar a privados. Tal cambio de “mando” significaría romper y terminar con un espacio donde la comunidad ha logrado entablar una serie de acciones conducentes a difundir sus expresiones culturales en beneficio del conjunto.
Es de suma importancia que todos los actores involucrados en la toma de decisiones tengan claro que tales planes de venta no contribuirán en nada en superar los problemas económicos de EFE. Lo único que lograrán será beneficiar a privados que lucrarán con el recinto y dejarán a toda una comunidad desligada entre sí.
¿Cuáles serán las ganancias señores rematadores? ¿Quizá se paga un favor político por las campañas recién pasadas? ¿Creen que luego de unos meses de las elecciones bastarán para que la comunidad crea que tal venta es por problemas económicos de EFE? Espero que tales hipótesis sean lo más absurdas posibles. No lograría imaginarme que la subasta de la estación se debe a “favores” asumidos en las campañas políticas. Sería lo peor que podría pasar. La venta de un inmueble como este seguramente no tendrá efectos inmediatos, pero de seguro los tendrá en el futuro cercano. Al fin y al cabo, como dijo un consejal, el problema no es quién compra, sino quien vende. Y si se vende, no será para solucionar los problemas financieros de EFE.
En definitiva, me quedo con dos conclusiones luego de asistir al concejo municipal ampliado. Por un lado, la comunidad peralillana no se dejará engañar por falsos argumentos. De seguro luchará junto a sus autoridades en conseguir que la estación de trenes de Peralillo pase a manos municipales para el uso libre de su comunidad artística y social.
Y por otro lado, tiendo a creer que todo lo dicho por la propia comunidad, por supuesto mucho mejor que en estas palabras, quedará en la preocupación y compromiso que la ministra de cultura asumió en aquella mesa compartida. Sólo nos queda esperar que “Sor Paulina”, como anotaba un cartel de un niño, nos ayude en esta amenaza que supone el remate de una propiedad que en sus ladrillos no significa nada. Pero usted sabe mejor que nadie la importancia que tiene para los artistas presentar su trabajo en espacios donde se valore y respete su actividad.
La gente de Peralillo exige que su estación de trenes le pertenezca y no a unos pocos.

1 Comments:
Gracias por tu dedicación intelectual y emocional al lugar que hoy alberga mi trabajo y parte de nuestras vidas.
Te Amo
Carolina
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