"El tesoro de los caracoles" o cuando el ingenio creativo en el arte nos sorprende

Este fin de semana, específicamente el domingo (“fomingo” para algunos), aproveché el apoyo estatal al cine chileno y fui a ver una selección de cortometrajes al novedoso Centro Cultural Palacio de la Moneda. Junto con la Caro creímos que veríamos los nuevos cortrometrajes realizados en Chile y nos llevamos la triste sorpresa que sólo 2 de los casi 7 cortometrajes presentados eran “nuevos”. Pongo nuevos entre comillas porque en realidad eran de hace dos años atrás, solo que yo no los había visto.
La idea de este blog es comentarles uno de esos cortometrajes que vi. Su título era, en un comienzo, poco prometedor: “El tesoro de los caracoles”. Luego de repetirme la historia del hombre pájaro como tres veces, ya no tenía ganas de seguir sentado en una sala donde éramos no más de 10 personas, pero la Caro me aconsejó verla; ella lo había presentado en Peralillo.
Luego de algunos segundos el corto pareció interesante. La historia comienza así. Un hombre adulto corría con unas bolsas en su espalda (que parecían una serie de colgantes del artista mexicano Gabriel Orozco), camino a una casa sureña (en Valdivia) para entregarle a una tía una lana para teñirla. Al tener que subir la reja de madera, deja la lana en el suelo y entra a la propiedad sin ellas: pero luego de un rato desaparecen (son robadas). Al darse cuenta el adulto de la pérdida de las bolsas regresa en su búsqueda y no las encuentra. (A todo esto, en el diálogo que entabla con su tía el hombre adulto muestra un nivel de deficiencia mental claro, lo que es parte importante en el transcurso del corto.) Entonces al no encontrar las bolsas de lanas le pregunta a los caracoles qué hicieron con ellas y obviamente al no recibir respuesta, los castiga con la muerte (con alevosía diría un abogado). Al terminar con su acto sanguinario se da cuenta que en el suelo se encuentra una caja, que a sorpresa de todos, resulta ser un tesoro. Desde ahí comienza todo el cuento.
No sigo amigos míos porque tienen que verlo. Hace un tiempo atrás pensaba que los cortometrajes tenían que ser reflexivos y claros en su argumento. Tenían que ser, además, críticos de algún tema y llenos de contenido “pensante”. Luego de ver “El tesoro de los caracoles” pienso que el arte cada vez me sorprende. La obra en sí es mágica. Como les comentaba en un comentario sobre “Play”, la magia del cine es notable. No tanto por sus efectos especiales, sino que por el nivel de ingenio y/o creatividad que el cineasta logra crear. El juego de imágenes y el argumento del corto son simplemente mágicos. Me encantaría poder comentarles cada momento del corto, pero, valga la redundancia, perdería la magia. Sólo puedo decirles que la mejor escena es la lluvia de berlines. Sólo eso.
Sólo me queda decirles que si pueden ver este cortometraje, ¡háganlo! No se arrepentirán. Es arte y cuento. Es crecimiento del cine chileno.
Demás está decir que las actuaciones son de alta calidad, y como siempre me fijo, su música es extraordinaria. Es de Ángel Parra, que ya es un buen anticipo.
En fin, vuelvo a sorprenderme por el nivel de autonomía que logra el arte en Chile. Si bien falta mucho, como lo digo en algún lugar por ahí, pienso que el Cine es parte del arte que se encuentra acoplado con la economía. Sus resultados no son, como creen muchos agentes, negativos. Al contrario, la creatividad está clara. El mercado no limita ni excluye, permite, en varias ocasiones, incrementar el nivel reflexivo y programático del arte. Aunque aún esto es un debate en curso: sólo la evolución nos lo dirá. Es de esperar que este tipo de cortos siga creciendo por alguna productora independiente y que nuevo cine surja como respuesta a aquello.
